"Yepeto", de Roberto Cossa, se presentará este fin de semana interpretada por Manuel Callau y Martín Slipak, en el marco de una gira organizada por el Teatro Nacional Cervantes. La obra es sólo para mayores de 14 años. Se trata de una nueva versión de la pieza que en 1987 protagonizaron, con enorme éxito, Ulises Dumont y el entonces debutante Darío Grandinetti.

Dirigida por Jorge Graciosi, "Yepeto" plantea un filoso contrapunto verbal entre un profesor de literatura (Callau), un hombre mayor, y Antonio, un joven e inculto deportista (Slipak) que un día irrumpe en la vida del primero para plantearle que deje en paz a su novia Cecilia (Anahí Gadda). Surge así una relación a la vez tensa y cordial entre ambos personajes, quienes -desde diferentes planos y posibilidades- se disputan a la joven.

LA GACETA entrevistó a Callau, una figura reconocida de los escenarios teatrales, del cine y de la televisión.

- ¿Por qué se señala que "Yepeto" es "una lúcida reflexión sobre el amor"?

- El choque de dos hombres de distintas generaciones debatiéndose por el amor de una muchacha supone un chisporroteo más que interesante, sobre todo si es Roberto Cossa con su profundidad y humor el que escribe. Hay dos fuerzas que salen al ruedo, por un lado la cultura y la experiencia y por el otro la juventud y la belleza física. Esto es posible por que la joven Cecilia, ademas de bella e inteligente, es una artista y puede reconocer en el profesor los valores espirituales y artísticos que están en armonía con los suyos. A partir de este momento la lucha será hasta el final, amorosa, brutal, descarnada, sazonada con mucho humor e inteligencia. Pero más allá del resultado de quién se queda con la joven, el milagro del aprendizaje, de adquisición de herramientas para la vida, se produce en Antonio y también en el profesor, un hombre solitario y fabulador al que esta lucha renueva.

- ¿Cómo trabaja usted la composición de sus personajes? ¿Utiliza algún método en particular?

- Me formé con mi querido maestro Raúl Serrano, con él fundé la Escuela de Teatro de Buenos Aires, ahí la metodología era lo que antiguamente se llamaba "método de las acciones físicas". Esa es mi formación profesional y son los fundamentos teórico-técnicos con los que me manejo como actor desde siempre. Aunque para ser coherente con lo que aprendí, ya lo he olvidado; claro, como decía mi maestro, hay que tener qué olvidar.

- Su carrera actoral se ha repartido entre la televisión, el teatro y el cine. ¿Dónde se siente más cómodo?

- El teatro es mi casa; es el lugar donde me dispongo a construir un mundo asumiendo mi derecho a la equivocación. Es el contacto directo, sin red, con el público. En definitiva es lo que me permite crecer como aspirante al arte. El cine y la televisión son herramientas maravillosas, nuevas en relación con lo que significa la comunicación con la gente, con un largo camino para recorrer todavía. Lo que me piden es lo que conozco, se nutren de lo que yo ya sé y me dan dinero y reconocimiento público por ello, lo que no es poco, pero para alguien que aspira al arte pleno no es suficiente.

TRES FUNCIONES

Hoy a las 22 en la Sociedad Española (Tafí Viejo). Mañana a las 22 y el domingo a las 21 en el San Martín.